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Fue en marzo pasado cuando el Santander comunicó que finalmente no contrataría al alto ejecutivo del banco de inversión UBS Andrea Orcel como consejero delegado, pese a que meses antes lo había dado por cerrado. La decisión, que el Santander justificó por el alto coste de incorporar al ejecutivo (debían pagarle unos bonus acumulados en su anterior puesto) despertó la sorpresa de todo el sector bancario. Orcel valora ahora iniciar una disputa legal con el banco español.Tres meses después, Orcel ha sentado a dar una distendida y extensa entrevista muy personal al diario británico Financial Times, para contar su versión de los hechos. 

«Mi primera reacción fue de sorpresa, tristeza y enorme decepción», afirma el ejecutivo, de 55 años. «No sé si la palabra ‘decepción’ es suficiente para describirlo. (…) Nunca había pasado algo similar», agrega Orcel, quien en este momento se encuentra desempleado por primera vez en 30 años. 

Debido a su perfil de banca de inversión, y no de banca comercial, cuando el italiano fue presentado como el nuevo fichaje del Santander el pasado septiembre, levantó cierta sorpresa en el sector. Sin embargo, su relación de más de 20 años con Emilio Botin, padre y antecesor de la actual presidenta del Santander, Ana Botin, le daba las credenciales para ello. «Tenía una relación especial con Emilio. Me enseñó muchas cosas. Él entendía que al confiar en mí, el nivel de presión al que estaría sometido para no fallarle era enorme. Soy muy afortunado de no haberle fallado», revela el italiano al Financial Times

Pero ni su buena relación con el expresidente ni su currículum internacional pudo evitar el cambio de opinión por parte de la empresa española. La versión oficial habla de “un coste inaceptable” para el banco, al tener que indemnizarlo con más de 50 millones de euros por los bonus que supuestamente debía abonarle UBS, pero que en el último momento rechazó pagar porque se iba a un banco que consideró de su competencia. Otros rumores, que apunta el Financial Times en la entrevista, señalan a la idea de que Ana Botín habría visto durante las negociaciones otro lado de Orcel que no conocía y que creía que no serían compatible con la entidad. El banquero niega ambas hipótesis.

«Todos los términos, tanto económicos como no económicos, eran conocidos en profundidad. Y precisamente por mi cercanía con la organización, yo era una persona muy conocida para todas las personas involucradas. Esta no era una situación en la que contratas a una persona y luego te das cuenta que no era lo que pensabas», asegura.

A pesar de que el banquero sostiene haber asumido lo sucedido, eso no quiere decir que vaya a dejar pasar la situación así de fácil. En marzo ya se anunció que había contratado al despacho español De Carlos Remón para estudiar si le conviene iniciar acciones legales contra la empresa, una idea que aún ronda en su cabeza, según confirma en la entrevista. «No soy una persona que deje pasar las cosas, especialmente si creo que lo correcto es no soltarlo», afirma. «Y no es solo por mí. Imagina que la situación le hubiese ocurrido a alguien menos visible. No es correcto».

Pero su cambio de vida en estos meses en los que ha estado más tiempo con su familia, le han hecho darse cuenta que a pesar de considerar que no debe dejar la pelea que cree correcta, eso no quiere decir que vaya a acaparar su vida. «No quiero ser un rehén de esta situación. Puse el asunto en manos de profesionales [legales]. Les dije que sabía que habría decisiones críticas por las que tendrían que llamarme, pero que su objetivo principal era dejar que la situación tome su curso natural. No quiero estar pendiente todos los días», afirma.

Fuente: El País