La economía de la zona euro sigue perdiendo fuelle. Su ritmo cardíaco baja a medida que se aceleran todos los riesgos: las guerras comerciales, la crisis de los emergentes y, ahora, la posible retirada del Reino Unido sin acuerdo. Tras el nuevo arsenal que Mario Draghi desplegó el jueves, Bruselas redobló la presión sobre Alemania para que, en un contexto de tipos de interés negativos, dedique su amplio colchón fiscal a inversiones. “La política monetaria no puede conseguirlo sola [evitar la desaceleración] e invitamos a los países que tienen espacio fiscal a estimular la economía”, sostuvo el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis.

Sin un instrumento para estabilizar las economías del euro, a los Diecinueve no les queda otra que tratar de coordinar sus políticas fiscales ante la desaceleración. El Banco Central Europeo todavía no aprecia señales de recesión para los tres próximos años. Pero sí un famélico crecimiento de alrededor del 1% con una mediocre evolución de los precios en el conjunto de la zona euro. «Hemos constatado que estamos en un entorno internacional muy complicado, con fuertes tensiones comerciales y retos importantes, en concreto el Brexit. Un entorno de enfriamento económico que está teniendo impacto sobre la economía europea, que sigue creciendo pero con tasas muy moderadas», explicó la ministra en funciones de Economía, Nadia Calviño.

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Antes de dejar el cargo, Draghi ha lanzado otro ambicioso plan para sacar a Europa de ese estancamiento. Pero la mano del banquero no basta. Benoît Coeuré, miembro del Consejo Ejecutivo del BCE, repitió tras la reunión del Eurogrupo informal, celebrado en Helsinki este viernes, el llamamiento que hizo Draghi en Fráncfort. “Los Gobiernos con espacio fiscal deben actuar de una manera eficiente y a tiempo”, sostuvo. El Eurobanco recibió el espaldarazo de la Comisión Europea. Dombrovskis dijo que los países con más “espacio fiscal” deben estimular sus economías. No citó a ningún socio en concreto, pero Bruselas lleva tiempo señalando a Alemania y los Países Bajos. E instó al resto de Estados a seguir ejecutando reformas. «Se ha hablado de la necesidad de que la política monetaria se vea complementada por una política fiscal a nivel europeo y políticas de reformas estructurales a nivel nacional», explicó Calviño.

No todos los países comulgan con esa urgencia. El titular de Finanzas alemán, Olaf Scholz, evitó este viernes pronunciarse sobre el llamamiento de Draghi. Esta semana, el ministro presentó a su Parlamento un presupuesto para 2020 equilibrado, aunque dijo que «si una crisis económica estallaba en Alemania y en Europa, podía afrontarla con muchos, muchos miles de millones». La ministra de Finanzas de Suecia, Magdalena Andersson —que acudió al Eurogrupo ampliado, en el que se sientan los Veintiocho—, se encargó en esta ocasión de dar voz a los halcones, que recelan de las demandas de Bruselas. “A menudo hay mucha presión sobre Alemania. Y esos países que presionan a Alemania deberían haber dedicado más tiempo en los últimos años a saldar su deuda pública”, acusó la ministra en declaraciones a Bloomberg.

El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, acertó a explicar que no se trata de una cuestión de “solidaridad”. “Mi mensaje es bastante claro. Los países con espacio fiscal lo deberían utilizar para combatir la desaceleración de la economía”. Y añadió: “Por su propio interés”. No en vano, Alemania es el país que más está acusando la nueva etapa de atonía. Por segunda vez en un año, el país se asoma a la recesión después de que su economía se contrajera un 0,1% en el segundo trimestre del año.

El presupuesto de la zona euro

Bruselas teme que el bache por el que atraviesan Alemania e Italia pueda amplificarse por un Brexit sin acuerdo o un recrudecimiento de las batallas comerciales de Donald Trump y contagiar al resto de la zona euro. “Estamos siguiendo de cerca cuanto acontece y estamos listos para actuar si los riesgos se materializan y las cosas empeoran. En el Eurogrupo coordinaremos nuestra respuesta”, afirmó con cierto optimismo Centeno.

El tono distaba del que empleado el titular francés de Finanzas, Bruno Le Maire, quien mostró su preocupación por la “falta de crecimiento dentro de la UE y de la eurozona” y pidió un pacto para el crecimiento basado en tres pilares: “más inversión de los países con suficiente espacio fiscal para invertir más” —en referencia a Alemania y Holanda—, más reformas en los que requieren mejorar su competitividad y acelerar la reducción de deuda pública.

Los países del euro siguieron discutiendo la herramienta que en un principio se ideó precisamente para afrontar esas situaciones: el presupuesto de la zona euro. Dada la resistencia de los halcones, los países decidieron en mayo que se dedicara solo a la competitividad y la convergencia, y no a hacer frente a los ciclos económicos, haciendo oídos sordos a las demandas del BCE o el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Hubiéramos preferido un BICCC, con tres cés”, ironizó Coeuré, en referencia a las siglas en inglés del Instrumento Presupuestario para la Convergencia y la Competitividad. La tercera «cé» sería su carácter contracíclico. Si embargo, España no arroja la toalla y según fuentes del Ministerio de Economía, no descarta no apoyar el diseño final del presupuesto si este no tienen un componente anticrisis y se vincula a la condicionalidad de acometer reformas.

Fuente: El País