Tras toda una carrera en la banca, centrada en tecnología y operativa en general, Debbie Crosbie (Glasgow, Escocia) se ha estrenado esta semana al frente de TSB, la filial británica de Sabadell. El nombramiento se produjo en noviembre, en sustitución de Richard Medding, que ha compaginado desde septiembre el cargo de presidente ejecutivo –que mantiene– con el de CEO interino, tras reemplazar a su vez a Paul Pester, que pactó su salida después del caos informático producido durante la integración de las plataformas de TSB, que dejó a casi 2 millones de clientes sin acceso a sus cuentas.

Crosbie lleva casi toda su vida trabajando en banca, y muy centrada en los procesos y la tecnología, así que tiene el perfil idóneo para su nuevo cargo. Nació y creció en Glasgow, hija de un padre ingeniero y una madre cuidadora, que le inculcaron el valor de trabajar duro, cuenta en el diario The Scotsman. Como adolescente era ambiciosa, pero mucho menos organizada que ahora.

Se licenció en Derecho Empresarial y Relaciones Industriales en la Universidad de Strathclyde, la tercera más grande de Escocia, y en la que se graduó por ejemplo el explorador victoriano David Livingstone. Al terminar la carrera, Crosbie intentó trabajar en Clydesdale Bank, el más pequeño de los tres bancos escoceses –que pueden emitir sus propios billetes–, pero no lo logró, y en su lugar entró en el programa de formación para posgrados de la aseguradora Prudential, en la City de Londres.

En 1997 consiguió su objetivo de entrar en Clydesdale Bank, como gestora de revisión de procesos. Su interés por la tecnología la llevó, con solo 29 años, a ser directiva: en concreto, jefa de reingeniería de la matriz, CYBG, dueña también de los bancos Yorkshire, el National Irish y el Northern.

Crosbie pasó por distintos puestos dirigiendo proyectos estratégicos. Fue madre con 32 años, cuando era la segunda del jefe de información. Tuvo “la suerte de que el banco estaba muy ansioso” por recuperarla para sus distintos proyectos, recuerda en una entrevista con Scottish Busi­ness Insider.

Cuando regresó, la empresa aceptó que solo trabajara tres días por semana, algo inédito para un ejecutivo, y que fue clave para su carrera profesional (además, su suegra dejó de trabajar para ayudarla). Crosbie mantuvo ese estatus durante cuatro años y medio. En 2007 fue ascendida a jefa de información, puesto que guardaron vacante unos meses para que pudiera asumirlo ya a tiempo completo.

A los tres años, la nombraron jefa de operaciones y TI, así como del back office. Dirigió también una unidad de ética al hilo de la crisis financiera, abordando asuntos como la venta engañosa de seguros de protección de pagos, que acabó provocando una multa de 24 millones de euros por parte de la Financial Conduct Authority en 2015, justo cuando Crosbie ejercía como CEO en funciones, tras la dimisión de David Thorburn.

La directiva había entrado en el consejo un año antes, y permaneció en el puesto de máxima ejecutiva medio año. También en ese tiempo se produjo la marcha del dueño hasta entonces, National Australia Bank Group, y la salida a Bolsa de CYBG. Luego, Crosbie siguió en el grupo como jefa de operaciones.

Sobre la escasez de mujeres en los puestos directivos de la banca, reconoce que a veces se ha podido sentir “bastante sola”. En cuanto a las cuotas por sexos, tiene opiniones encontradas: por un lado, cree que a nadie le gusta pensar que está en un sitio solo para alcanzar un número, pero por otro, sostiene que tener objetivos de diversidad puede concienciar sobre los beneficios de esta.

Crosbie vive con su marido y su hija en Torwood, cerca de Falkirk. Les gusta pasar tiempo juntos, tanto en casa como en su lancha motora en Palma de Mallorca. No es raro que lleve el Financial Times en un brazo y el Hello! en el otro; para desconectar, lee novelas románticas.

Su esposo dirige su propio negocio y le da ideas sobre qué puede aportar un banco a las empresas pequeñas: no le vendrán mal para uno de los retos de TSB, desplegar la nueva estrategia de negocio de pymes. Desde Banco Sabadell señalan además que Crosbie deberá actuar sobre la rentabilidad del banco.

Con su llegada, lanzarán su nuevo plan para TSB, que prevé que haga una ligera aportación al grupo este año, una más significativa el que viene, y que de cara a 2021 esté en el entorno del 20% .

La matriz asegura que ha descartado la venta de la filial, que ha dejado atrás los problemas informáticos, y que disfrutará de un gran ahorro de costes de por usar una plataforma propia a partir de ahora. Además, cuentan con la ventaja de tener a la amiga informática, la que siempre está ahí para los problemas que nos surgen a todos, al frente del negocio.

La crisis de hace un año

El 21 de abril de 2018, la transición de plataformas de TSB dejó a 1,9 millones de clientes sin acceso a sus cuentas bancarias durante varios días, y provocó 40.000 reclamaciones.

Para el banco, supuso, además de los problemas de imagen, pérdidas por 80 millones de euros, que se suman al impacto del retraso del preceso: el banco tenía que pagar 130 millones anuales a Lloyd’s (anterior dueño de TSB) por seguir usando su tecnología.

Los ataques informáticos durante la crisis hicieron que la entidad tuviera que indemnizar a 1.700 particulares víctimas de fraude, y 26.000 clientes se marcharon de la entidad.

Fuente: Cinco Días