Dos imágenes ilustraban ayer los efectos de la primera jornada de huelga del personal de tierra de Iberia convocada ayer en el aeropuerto de El Prat. Por un lado, la del interior de las instalaciones: la tranquilidad en los mostradores de las aerolíneas, en los filtros de seguridad —cuyo personal mantiene una huelga indefinida— y cortas colas con viajeros quejosos ante los mostradores de información de Vueling e Iberia. Por el otro, la del exterior, en la zona de pistas del aeropuerto, con once aeronaves de Vueling varadas en una situación inverosímil un fin de semana de agosto, muestra del más de centenar de vuelos que la aerolínea —junto a otras decenas de Iberia y British Airways— canceló este fin de semana para evitar complicaciones durante el paro laboral.

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Una imagen derivaba de la otra. La reducción de actividad impidió que se produjeran graves incidentes, también desactivados por unos servicios mínimos dictados al 80% de lo que es habitual. De ahí que hubiera un consenso sobre la supuesta “normalidad” que vivió ayer el aeropuerto. Aena, Iberia Airport Services —cuya plantilla ha convocado la huelga— y UGT ofrecieron esa misma versión de los hechos.

Fuentes del aeropuerto explicaban que no se habían cancelado más vuelos de los previstos inicialmente, que los retrasos que sufrió la infraestructura no estaban vinculados a la huelga y que las colas en los controles de seguridad no superaron los 15 minutos. La anticipación con la que las aerolíneas actuaron —Vueling, principal operador de El Prat, suprimió ayer 46 vuelos— evitó males mayores, reconocía Omar Minguillón, portavoz de UGT en Iberia Personal Services: “Afortunadamente las aerolíneas redujeron su operativa, así que la gente no debería quedar atrapada hoy en el aeropuerto”.

El conflicto que mantiene el personal de tierra de Iberia —encargados de la facturación, el embarque, la carga y descarga, la asistencia y el mantenimiento de los aviones— con la compañía no es nuevo, después de un paro similar hace un mes. Los sindicatos reclaman que se revierta la alta temporalidad en la plantilla, del 50%, con la conversión de esos contratos a fijos y la ampliación del número de trabajadores.

Pese a que el paro no generó incidentes graves, sí que se pudieron ver algunas colas ante las casetas de información de Vueling e Iberia, en las que pasajeros reclamaban indemnizaciones mientras se quejaban en algunos casos por sufrir retrasos imprevistos de sus vuelos.

Gastos inesperados

Era el caso del colombiano Diego Rosero, a quien le habían retrasado la hora de salida de su avión para volar a Roma, que debía partir a las 7.00 y se lo habían programado para las 22.00. “Llevo dinero gastado para comer y en el hotel de Roma nos están diciendo que tendremos que pagar una multa al llegar tan tarde”, explicaba, además de lamentarse del hecho de que una estancia prevista de tres días en la capital romana se tendrá que reducir a solo dos jornadas.

El primer vuelo afectado por la huelga fue uno de Level (Iberia) que tenía que salir a las 01.30 de la madrugada del sábado hacia Buenos Aires. Cuando todo el pasaje esperaba para embarcar se les comunicó la cancelación hasta ayer por la tarde. Al mediodía una decena de personas hacía cola para solicitar información y reclamar sus derechos, como explicaba Diego Rodríguez, que acompañaba a una de las pasajeras afectadas.

El portugués Diego también estaba en tierra esperando que se le informara de qué había ocurrido con el vuelo que le tenía llevar hasta a Lisboa, después de pasar unos días en Menorca con su mujer y su hijo, un bebé. Ayer aseguraba que apenas había recibido un correo electrónico explicando la afectación, pero sin dar más información sobre los vuelos. Ginebra y Fierela, dos jóvenes amigas de Perú, explicaron a Efe que habían llegado al aeropuerto de Barcelona desde Suiza en un vuelo de Iberia y que tenían previsto hacer una escala de varias horas en Madrid antes de volver a Lima. Sus planes saltaron por los aires a causa de la huelga. “No sabíamos nada de nada. La aerolínea no nos ha informado y ahora ya no llegaremos a tiempo a Madrid”, se lamentaba Ginebra.

Fuente: El País