«Hoy traemos a la junta de accionistas la primera remuneración flexible en la historia de FCC y recuperamos el dividendo desde la suspensión de 2013. Los accionistas estamos de enhorabuena». Ha sido con estas palabras con las que la presidenta de FCC, Esther Alcocer, ha remarcado esta tarde ante la junta «la confirmación de la vuelta a la rentabilidad» del grupo FCC. A renglón seguido, Alcocer Koplowitz ha reconocido el liderazgo del propietario de la compañía, el magnate Carlos Slim, en la reestructuración de la firma de infraestructuras y servicios. Un trabajo que continúa ahora con la reordenación del negocio de servicios medioambientales con la vista puesta en la posible captación de inversores.

 La junta ha aprobado la distribución de 151 millones en dividendos, a razón de 0,4 euros por título. La cantidad encierra un 3,69% de rentabilidad sobre la corización de cierre de ayer. Slim no ha abierto el grifo de la esperada remuneración hasta encadenar dos ejercicios de beneficios. El de 2018, de 251 millones, impulsado por la venta del 49% de la filial de aguas Aqualia por 1.024 millones, se ha dado junto a un fuerte recorte de deuda del 24,8%. La posición de deuda financiera neta al cierre de 2018 fue de 2.691 millones de euros. 

La entrada de IFM como socio de FCC en Aqualia marca ahora el modelo de lo que podría ser una operación similar en FCC Medio Ambiente. Los accionistas han dado el visto bueno a la citada reordenación de las múltiples filiales en una división independiente, como lo son Aqualia o FCC Construcción, con el objetivo de facilitar el análisis de riesgos, «racionalizar» la estructura del grupo, conseguir una gestión más eficiente, captar capital o abrirse a nuevos inversores.

 El movimiento coincide con el plan de venta lanzado por Ferrovial para hacer caja con sus servicios. En el caso de FCC esta es la principal fuente de ingresos, con 2.822 millones en 2018 (48% del total). «El sector [por los Servicios] atraviesa un momento de transformación por las exigencias de los Gobiernos, de la mano de las directivas europeas, y el proceso de consolidación en marcha», ha afirmado Colio refiriéndose a la rama de Servicios y Medio Ambiente. El ejecutivo ha destacado la entrada de nuevos jugadores, pero ha eludido ofrecer detalle sobre los planes para FCC Medio Ambiente.

 FCC dice estar ya en disposición de lanzarse a grandes inversiones, tras un largo periodo marcado por ajustes y desinversiones, y su CEO ha esbozado oportunidades para las distintas divisiones en mercados como Estados Unidos, Latinoamérica u Oriente Medio. Respecto al negocio de Construcción, Colio espera una mejora en la inversión pública en España y potenciar la colaboración con Carso en Latinoamérica para mantener a la división que dirige personalmente en las cifras de 2018 o ligeramente por encima.

 Slim y los suyos

 El consejo de FCC también traía a la junta una dispensa a los consejeros mexicanos de la obligación de no competir con la empresa, tal y como señala el artículo 230 de la Ley de Sociedades de Capital. Alejandro Aboumrad (dominical), Gerardo Kuri (ejecutivo) y el propio Carlos Slim tienen cargos de responsabilidad en el entorno de empresas del grupo mexicano Carso, en el que FCC ve un aliado y no un competidor.

 La empresa remarca que estos consejeros no tienen una actividad al margen de FCC que les sitúe en «conflicto permanente con los intereses de la Sociedad» y añade que pueden ocasionar sinergias, «especialmente en Latinoamérica», cita el documento que reúne las propuestas a la junta.

 Respecto al dividendo restaurado hoy, Colio ha hablado de un pago que se pretende convertir en recurrente. De los 151,5 millones repartidos con cargo al resultado de 2018, Slim cobrará 93 millones en respuesta a su participación del 61,1%. La otra accionista de referencia, Esther Koplowitz (20%), ingresa 30 millones de euros.

 La acción de FCC avanzó un 35,6% en 2018, cerrando el ejercicio en 11,7 euros y con una capitalización de 4.432 millones de euros. El efecto Slim ha provocado un vuelco en una compañía que dice haber superado su profunda crisis. 

Fuente: Cinco Días