Un Rodrigo Rato más manso, sin brotes de la agresividad que exhibió el 8 de enero frente a la fiscal Carmen Launa —que se recupera de un desprendimiento de retina—, aportó ayer ante el fiscal Alejandro Luzón y su propio letrado, Ignacio Ayala, pistas sobre la presunta connivencia objetiva y subjetiva entre Francisco Celma, el socio auditor de Deloitte, y el ministro de Economía Luis de Guindos, a finales de abril de 2012, que acabó con su defenestración el lunes 7 de mayo siguiente.

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La firma auditora envió a la entidad un borrador sin salvedades sobre las cuentas anuales de Bankia de 2011, aprobadas por su consejo de administración, y prometió enviar su informe oficial más tarde. Pero a medida que se acercaba el 30 de abril, fecha obligada para presentar las cuentas a la Comisión Nacional de Mercado de Valores, y advertir que la promesa de la auditora a sus colaboradores no se cumplía, la preocupación comenzó a aumentar

“Estábamos muy perplejos por el hecho de que una firma de auditoría como Deloitte nos dejaba sin un informe, el que fuera, pero carecer de informe nos puso en una situación muy extrema. Yo pensaba que Deloitte esperaría a la aprobación de nuestro plan de saneamiento por parte del Banco de España. Pero eso ya había ocurrido el 17 de abril. No entendía a qué esperaba Deloitte. La ley exige que el auditor aporte su opinión”, explicó Rato.

Rato cogió, pues, el teléfono y llamó a Celma. La única explicación del retraso que le dio su interlocutor era que estaba por salir un nuevo decreto-ley sobre exigencias a las entidades financieras, aparte del ya vigente desde el 3 de febrero de 2012, el llamado primer decreto Guindos. El entonces presidente de Bankia, según señaló ayer, no entendía la explicación. Porque el nuevo decreto se referiría al ejercicio 2012 y lo que él le estaba pidiendo a Celma era el informe sobre las cuentas ya aprobadas de 2011.

Pero lo más relevante: Celma demostró tener, deslizó Rato como quien no quiere la cosa, información directa del Ministerio de Economía. En efecto, el segundo decreto Guindos se aprobó el 11 de mayo de 2012. Esta conducta de Deloitte a finales de abril de 2012 encaja con la narración de las tres reuniones que convocó De Guindos el domingo 8 de abril, el viernes 4 de mayo y, finalmente, el domingo 6 de mayo de 2012 en su despacho del paseo de La Castellana, excluyendo, señaló Rato, al Banco de España.

Ya desde el domingo 8 de abril, Francisco González, presidente de BBVA, puso sobre la mesa que los saneamientos debían ser de 15.000 millones. Según Rato, De Guindos estaba de acuerdo con esta cifra.

Pero entre el 8 de abril y las siguientes reuniones del 4 y 6 de mayo de 2012 ocurrió un hecho espectacular que ni el fiscal Luzón ni el abogado Ayala han mencionado. Su fecha: 19 de abril de 2012. Y es el elefante en la habitación.

De Guindos solicitó ese día en Washington a Christine Lagarde, directora gerente del FMI, que se hicieran públicas el 25 de abril las conclusiones preliminares de la misión quinquenal del Fondo sobre el sistema financiero español cuando el informe estaba previsto para junio.

De Guindos ya sabía que el informe señalaría con el dedo a Rato y a Bankia y que vendría a decir: el rey está desnudo. El comunicado decía en un párrafo dirigido a Bankia: “Para preservar la estabilidad financiera, es fundamental que estos bancos, especialmente el más grande, tomen medidas rápidas y decisivas para fortalecer sus balances y mejorar las prácticas de gestión y gobierno corporativo”.

Deloitte, pues, ya sabía todo lo que necesitaba para hacerse a un lado. El domingo 6 de mayo, fue Francisco González quien le dijo a Rato delante de De Guindos, Botín, y Fainé: “Tienes que irte porque eres del PP”. Quería decir que el Gobierno de Rajoy, del PP, no podía aportar los fondos frescos para rescatar a Bankia con un presidente del PP.

Fuente: El País