Cuando hablamos directamente de la revolución digital no terminamos de creernos la magnitud de la palabra revolución y las consecuencias que acarrea en todos los procedimientos y sistemas que hasta ahora considerábamos dogmas del sector. La digitalización de la sociedad y sus formas de comunicación han supuesto un verdadero revulsivo que afecta de forma transversal a toda la sociedad y, por ende, también a la actividad empresarial de cualquier compañía. En la edificación, el efecto de las herramientas TIC aplicadas para la digitalización de procesos está siendo aún más demoledor, ya que hasta ahora nos movíamos en un sector netamente rígido y refractario a las nuevas demandas del mercado.

La innovación hasta hace poco estaba delimitada al proceso comercial para facilitar la promoción del producto. Sin embargo, el proceso innovador ahora debe ir más allá, sirviéndose de la tecnología para flexibilizar, agilizar y hacer más competitiva nuestra propuesta habitacional. En esta línea se encuentran procedimientos como el BIM, un sistema de gestión de las obras basado en un modelo tridimensional relacionado con bases de datos, que permite producir y almacenar toda la información necesaria para operar en las distintas fases del ciclo de vida del edificio, optimizando los procesos, controlando el estado en tiempo real de cada una de las acciones planificadas y agilizando los plazos de ejecución.

Además, la sensorización del edificio para la introducción de sistemas domóticos que redunden en una mayor eficiencia, sostenibilidad y comodidad del cliente son fundamentales en lo que hemos llamado edificación 4.0. En este sentido, podríamos llegar a decir que el edificio se ha desmaterializado para ofrecer al cliente un servicio en el que el tratamiento de la información generada es clave para la generación de valor. El edificio inteligente debe tener en cuenta como input la situación de las grandes urbes, con el precio del metro cuadrado incrementándose día a día, lo que ha supuesto una reducción en los metros disponibles de cada vivienda; o la ausencia de solares nuevos en el centro de la ciudad, lo que redirige gran parte de los esfuerzos en la rehabilitación y modernización de edificios antiguos como respuesta del sector.

Es decir, tenemos que sentar las bases de un nuevo modelo constructivo en el que, de la mano de la tecnología, innovemos y repensemos desde sus inicios el proceso establecido hasta ahora. Solo así podremos colocar al cliente en el centro de nuestra actividad, y en función de sus demandas y necesidades –y combinándolas siempre con el desarrollo sostenible de su entorno– ofrecer un producto de calidad garantizando al propietario su óptimo rendimiento.

David Martínez es presidente de Rebuild y CEO de Aedas Homes

Fuente: Cinco Días