Cuando hace un lustro el Banco Central Europeo (BCE) decidió poner sobre la mesa todo lo que se pensaba que era el armamento de la institución que presidía entonces Mario Draghi la banca se echó las manos a la cabeza. ¿Cómo vamos a vivir así? Se preguntaban. “Nos estamos dando un tiro en el pie”, declaraba algún banquero. Era una situación insólita cuyo final era imprevisible.

Han pasado cinco años y aquella anomalía en los tipos de interés se ha convertido en una situación habitual. Tanto, que una de las últimas medidas adoptadas por Draghi antes de despedirse de la catedral de la política monetaria europea fue dar otra vuelta de tuerca a su gran medida, y lo que se pensaba ya inaudito ahora se ve como el mejor de los males.

El BCE decidió imponer los tipos de interés negativos. Y, de repente, lo que había sido el peor de los escenarios para la banca, pasó a ser una añoranza. Ahora, esos banqueros que aseguraban que con los tipos al 0% el futuro del sector era totalmente incierto reclaman esos tiempos pasados.

“Nos habíamos acostumbrado y ya habíamos modificados todas nuestras estrategias para vivir con tipos de interés al 0%”, confesaba la semana pasada un banquero, que añadía que “ahora sí que no sabemos a lo que nos enfrentamos. Y lo peor es que no se sabe cuánto durará esta medida. En cualquier caso, muchos años. Pero no sabemos si tres, como ahora parece que se baraja, u ocho, como inicialmente se especulaba, o puede que ninguno de esos periodos”.

Otro conocido banquero hacía el jueves otra reflexión. “Los tipos negativos son una mala noticia para la banca, y tampoco se ha demostrado que con los tipos al 0% se haya reactivado el crédito. No ha crecido. Después de más de una década desde que comenzó a desplomarse, el crédito sigue en tasas negativas, y la economía prácticamente se ha desapalancado”. Pero este mismo ejecutivo añadía: “al final, la banca se ha acostumbrado a operar con tipos al 0% y lo hará con tipos negativos. La fórmula para vivir, la que todos sabemos y hemos oído. Cierre masivo de sucursales, ajustes de plantillas, limpieza del balance, digitalización, y comisiones. No queda otra”, explicaba. Coincidía así con la receta que había dado unos días antes el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, quien explicó que la banca podría ganar 5.000 millones más con menos sucursales y menos activos inmobiliarios.

También la semana pasada Funcas, la que fuera la fundación de las antiguas cajas de ahorros, publicó un estudio sobre los perjuicios de los tipos de interés bajos o negativos. “No se trata solo de que estos tipos de interés sean poco convenientes para los bancos. También existe evidencia que apunta a que además tienen un impacto negativo en el conjunto de la economía si se mantienen demasiado tiempo”, apunta el informe.

Una de las conclusiones de este informe es que los tipos de interés negativos han proporcionado una mayor reducción de los márgenes de los bancos, del 26,4%, en algunas economías de las más importantes de Europa, como Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido o España. El estudio recoge datos de 2011 hasta 2018.

Las críticas de Funcas a la política monetaria del BCE se suman a las de gran parte de los banqueros europeos, aunque los defensores de los bajos tipos se mantienen, y no dudan de sus ventajas para la economía europea. El gobernador argumentó la semana pasada en el IESE, que la baja rentabilidad de la banca y de la caída del margen de intereses unitario del sistema financiero español entre 2007 a 2018 se debe a un aumento del peso relativo de los activos improductivos, que son aquellos que no generan intereses, como los créditos morosos o los activos adjudicados. A ello se suma que en aquellos años se produjo una fuerte contracción del crédito, que la banca compensó con un aumento de su exposición en otros activos, y en particular, a través de la adquisición de valores de deuda pública.

Pese a ello, el número uno del Banco de España reconoce que unos tipos de interés negativos durante un lago periodo puede ser perjudicial para el sector. “No podemos descartar que el mantenimiento de tipos muy reducidos durante un periodo adicional potencialmente amplio pueda acabar teniendo alguna consecuencia negativa sobre el canal bancario de trasmisión de nuestra política monetaria”, aunque se han intentado mitigar con otras medidas, señaló el gobernador.

Eso sí. Todos los directivos consultados señalan que una de las peores cosas que influyen negativamente en las medidas adoptadas por el BCE es “la incertidumbre de cuándo van a remitir los tipos negativos. Hay que poner una fecha, o limitarlo de alguna forma. No se puede decir solo que los tipos negativos están aquí para quedarse durante mucho tiempo. Hay que dar al mercado señales de que tienen fecha de caducidad. Esperemos que Christine Lagarde elimine del mercado esa incertidumbre, que siempre es malo”.

Por cierto, las fusiones, como no, siguen siendo la receta mágica para que la banca gane rentabilidad en la banca, al reducir costes y mejorar la eficiencia, según ha reiterado el gobernador. Lo curioso es que ahora se añade un motivo más para insistir en la fusión de los bancos, según explican los expertos, las finanzas sostenibles.

Estos expertos aseguran que cada vez más los bancos serán examinados con lupa por el mercado para comprobar su grado de implicación con el cambio climático. Sus créditos deberán estar basados en criterios verdes, y eso solo lo podrán hacer los grandes bancos. “Otro motivo más para que se produzcan fusiones”, declaraba el jueves un banquero a este periódico.

Solo un apunte para terminar. Si la banca puede vivir incluso con tipos bajos o incluso negativos, qué pasaba hace unos 25 años, cuando el sector no tenía competencia, las reglas eran bastante laxas comparadas con las actuales, los tipos de interés incluso rozaban los dos dígitos, las exigencias de capital eran muy inferiores y la transparencia casi brillaba por su ausencia. El péndulo regulatorio se ha ido de un extremo a otro sin parar en el medio. Alguna razón habrá.

Fuente: Cinco Días