Las guerras de los Álvarez

La casualidad ha querido que hayan coincidido las peleas internas en dos distinguidas familias empresarias españolas que comparten apellido, Álvarez, aunque no tienen lazos de parentesco. Se trata de El Corte Inglés y el grupo Eulen. El conflicto en ambos casos tiene origen en problemas testamentarios. El de los miembros de la familia Álvarez Mezquiriz (o sea, Eulen) estalló antes, en 2009, cuando el patriarca y fundador de la dinastía empresarial, David Álvarez, decidió volver a tomar las riendas y se casara con su secretaria, Maite Esquizábel.

Ahí se produjo la separación, con este y dos de sus hijos (María José y Jesús David), por un lado, y los otros cinco (Marta, Elvira, Juan Carlos, Emilio y Pablo), por otro. Estos se quedaron con el control de El Enebro, sociedad que controla las Bodegas Vega Sicilia y la cárnica Valles del Esla, en las que María José, que impugnó en su día los acuerdos de reparto, se quedó con el 16%. Por su parte, esta, una vez que sucedió a su padre, fallecido en 2015, se quedó con un porcentaje del 59% a través de la sociedad Daval, mientras sus hermanos tienen el 41%, después de la intervención de un albacea-contador.

El conflicto estalló cuando se produjo el reparto y no ha habido forma de reconciliar a las partes. Estos días, después de varios meses de teórica calma, se ha vuelto a escribir otro episodio con motivo de las juntas generales de las citadas sociedades, avivados por María José, que ha denunciado que sus hermanos han alterado las cuentas de El Enebro con “artificios contables”. A su juicio, los beneficios de la empresa tendrían que haber sido de 16 millones y no los 1,54 millones anunciados. Es decir, ella se habría llevado 2,5 millones de dividendo en lugar de 250.000 euros por su 16%.

María José Álvarez acusa a sus hermanos de artificios contables y estos atrasan el plan de inversión para evitar disputas

María José, que no fue a la junta y por tanto no cruzó miradas con sus hermanos, asegura que supone “un subterfugio contable” para evitar cumplir la ley que impone que al menos un tercio de las ganancias se destinen a dividendo. También les acusa de haber cobrado esos 16 millones a través de un crédito de Bodegas Vega Sicilia a El Enebro, evitando, de esta forma, que esa cantidad constituyese parte del beneficio de El Enebro.

Las guerras de los Álvarez

Sus hermanos han preferido no entrar en la bronca, hasta el punto de que han aplazado a septiembre la rueda de prensa en la que tienen previsto anunciar un plan de inversiones en El Enebro para evitar preguntas. Fuentes de su entorno aseguran que en los próximos días harán pública una remodelación en su cúpula directiva, “basada en criterios de profesionalización, experiencia, responsabilidad, transparencia y buen gobierno”. Esas fuentes aseguran que quieren centrarse en el negocio y olvidarse de disputas.

El lío se acrecentó tras la muerte de este en 2015. Le sustituyó María José y, en junta extraordinaria de junio de 2016, los hermanos intentaron destituirla. Y fue a más cuando el albacea contador-partidor, Carlos Rodríguez Quiroga, interpretó que la última voluntad. era que María José es la dueña del 59,14% de Eulen, como titular del 95,32% de Daval. La decisión fue recurrida por los hermanos al considerar que el albacea actuó con parcialidad por ser socio del despacho de abogados de Eulen.

Gimeno impugna su destitución y se querella contra el exjefe de seguridad de los grandes almacenes

La guerra de los otros Álvarez es más reciente. Estalló tras el fallecimiento de Isidoro Álvarez en septiembre de 2014. Su deseo de que su sobrino Dimas Gimeno Álvarez le sustituyera se cumplió sin problemas; pero ha quedado quebrada antes de cumplirse los cuatro años por el enfrentamiento con sus primas Marta y Cristina Álvarez Guil, a las que Isidoro adoptó tras su matrimonio con María José Guil.

Las hermanas se opusieron a que fuera presidente de la Fundación Ramón Areces, principal accionista de los grandes almacenes con el 37,3%, con el apoyo de la vieja guardia, por lo que el cargo recayó en Florencio Lasaga, veterano de la casa. Ahí comenzó su agonía, ya que perdió el apoyo de la Fundación, lo que hizo que se quedara en minoría y que de poco sirvieran sus proyectos para modernizarse y salir a Bolsa. En octubre de 2017 fue desposeído de los poderes ejecutivos y recientemente de su cargo de presidente con una votación a favor de ocho de los 10 consejeros y la abstención del representante del inversor catarí Al Thani. Ahora la tarea la ha asumido Jesús Nuño de la Rosa, hombre confianza de las hermanas y primer presidente que no tiene lazos sanguíneos con la familia.

Pero la batalla continúa. Gimeno ha impugnado la decisión del consejo que decidió su destitución y se ha querellado contra el exresponsable de Seguridad de la empresa, Juan Carlos Fernández-Cernuda, por presunto delito societario y otro de corrupción entre particulares. Bajo su mandato, la empresa encargó una auditoría a EY tras recibir dos denuncias anónimas que hablaban de prácticas fraudulentas en los contratos de la empresa.

Gimeno quiere cobrar los dividendos para, entre otras cosas, pagar el impuesto de sucesiones y que porque su participación está en la patrimonial IASA, que tiene el 22% de la compañía y está controlada por sus primas con el 70%. Precisamente, su madre y su tío han impuesto varias demandas contra ellas por este motivo, acusándolas además de haber vaciado la sociedad en beneficio propio.

Fuente: El País

2018-07-01T06:33:19+00:00