“La última vez que vine a Madrid desde el extranjero quería coger un patinete, pero en España no tenía datos de Internet en el móvil. Ya que se desbloquean a través de una app, no hubo manera. Con el reconocimiento facial se hubiera obviado el problema”. El fundador de la startup Saffe Payments, el brasileño André Coelho, utiliza el relato de su experiencia como ejemplo de uno de los resultados que podría arrojar su colaboración con el gigante de las tarjetas de crédito Mastercard en Madrid. Ninguna necesidad de comprar un título de transporte para el autobús y otro para el metro, ni de darse de alta en sendas aplicaciones, para la bici y el patinete, ni de pagar el viaje sacando del bolsillo dinero en efectivo, la tarjeta de plástico o el móvil para tirar del wallet. La captura de la imagen del rostro del usuario, una vez registrado en un sistema de gestión unificado para todos los medios de transporte, sería suficiente para identificarle y realizar el pago de forma automática. O invisible, como se suele decir.

El proyecto —que, de momento, se ciñe a los autobuses de la Empresa Municipal de Transporte de Madrid (EMT) y se encuentra en la fase de desarrollo del piloto— se presentó el miércoles en el marco de Madrid in Motion, una incubadora de movilidad, promovida por la consultora Barrabés con el apoyo del Ayuntamiento de la capital. “El usuario sube al autobús y mira hacia una cámara o una tableta. Su cara, previamente registrada en el sistema, es reconocida y una luz verde le señala que puede pasar”, explica Coelho, al hablar del funcionamiento de la tecnología elaborada por Saffe.

Pago invisible

El cobro del trayecto viene asociado al reconocimiento del usuario, a través de los datos de pago almacenados en la nube, de una forma parecida a lo que ocurre cuando se tiene que pagar un viaje con Uber o Cabify: el conductor da por finalizado el viaje y el cargo se hace directamente en la tarjeta cuyos datos han sido introducidos una sola vez en la aplicación. El viajero no tiene que hacer nada más que bajarse del coche. Implementar el reconocimiento facial en los autobuses de Madrid significaría para el usuario desprenderse tanto de la tarjeta física como de la que se encuentra en el portfolio de su móvil. “No hará falta llevar algo contigo para pagar tu trayecto o preocuparte de si tienes batería en el móvil”, resume Coelho.

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En cuanto a las inquietudes relacionadas con la seguridad en el manejo de estos datos, el fundador de Saffe destaca que su startup utiliza los servidores de Amazon e IBM que cumplen con el Reglamento de la UE de protección de datos (GDPR, por sus siglas en inglés). “Pero, si Mastercard decidiera utilizar nuestra tecnología en sus propios servidores, esta estaría ya preparada y seguiría los mismos patrones de seguridad”, apostilla.

“El primer paso en Madrid ya lo dimos a principios de año, cuando implementamos el pago con tarjeta contactless en el autobús que conecta el centro de la ciudad con el aeropuerto de Barajas”, subraya el director de desarrollo de negocio de Mastercard, Alejandro Banegas. Un medio de pago que se extenderá progresivamente este año hasta instalarse en toda la flota de la EMT. El gran modelo de referencia es Traffic for London, el transporte público londinense. Aunque es cierto que la mayoría de los trayectos en el metro de Londres se sigue pagando a través de Oyster (la tarjeta inteligente en la que se pueden cargar los distintos títulos de viaje), “el 40% ya se cobra con una tarjeta financiera sin contacto”, afirma Banegas. En sus intenciones, la próxima etapa será la implementación de la identificación biométrica.

Sistemas inclusivos

Pero, ¿cómo conseguir la interoperabilidad, es decir, unificar el sistema de identificación y pago de distintos medios de transporte? ¿Cómo evitar que el usuario tenga que utilizar diferentes sistemas por cada medio que vaya a coger? El Banco Santander y la startup Vottun, que presentaron su idea para otro proyecto piloto en Madrid in Motion, creen tener la respuesta. La solución se llama blockchain (cadena de bloques).

“En la movilidad de una gran ciudad participan distintos actores: el coche y la moto compartidos, los patinetes, el transporte público,… Ahora lo que ocurre es que el ciudadano tiene que darse de alta y dar sus datos de pago en cada servicio y a lo mejor, para el mismo servicio —por ejemplo, el escuter—, lo hace solo en uno o dos proveedores, de tal manera que, cuando encuentra una moto de una app en la que no está suscrito, tiene que buscar otra”, destaca Luis Carbajo, director general de Vottun.

Gracias a la plataforma de trazabilidad de datos puesta en marcha por esta firma, el usuario podría darse de alta una sola vez en cualquiera de estos proveedores y sus datos serían compartidos automáticamente con los demás participantes en el ecosistema de movilidad de Madrid, cada vez que necesitara un servicio. “La interoperabilidad es un aspecto clave de la digitalización de los medios de pago”, dice Adrián García, director de producto y marketing de Santander España Merchant Services, filial del banco que dirige Ana Botín. “Una ciudad como Madrid no puede crecer con sistemas cerrados, en los que se fuerza a los que vienen desde fuera a utilizarlos aunque no estén acostumbrados a ellos”, añade.

¿A quién pertenecerían los datos compartidos con este sistema? Carbajo subraya que “el blockchain es una manera mucho más segura ante hackeos o utilizaciones impropia de los datos que cualquier servicio existente en la nube”, ya que esta tecnología los encripta y no permite que las empresas con las que el usuario los comparte conozcan su identidad. Lo único que sí van a saber es que se trata de un ciudadano que puede pagar por el servicio que está demandando. “El usuario tiene mucho más poder sobre sus datos que en los sistemas que se manejan actualmente”, concluye Carbajo.

Los detalles de los pilotos y de cómo se implementarán en el transporte madrileño se conocerán en septiembre.

Fuente: El País