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Más gasto social: progresividad presupuestaria. Pero menos gasto relativo total: frugalidad.
Esa es la idea fuerza básica de la actualización del Programa de Estabilidad 2019-2022 para España que el Gobierno presentó el martes a Bruselas.

Más gasto social para compensar que en España ha aumentado la desigualdad, en “salarios, renta, consumo y riqueza, distribución generacional, territorial y género”. El índice de Gini que la mide subió en 2014 hasta 34,7, frente a una media de 31 en la UE.

Eso es compatible con frugalidad, entendida como la gestión sin excesos; contra la austeridad, que se plasmó en un exceso de sacrificios. Así, se busca conciliar enfoque social y seriedad presupuestaria.

Para lograrlo, el cuatrienio aumentará los ingresos (recaudación sobre PIB) en 1,8 puntos (del 38,9% del PIB en 2018 al 40,7% en 2022), lo que nos acerca a la media europea. Si se cumple la recaudación prevista, lo que será discutido.

Mientras que el gasto disminuirá levemente, del 41,3% al 40,7%. Pero —esto es lo relevante—, aumentará más el social (sobre todo, pensiones), por encima del alza del crecimiento económico. Y menos, el resto. Factor muy novedoso en la estrategia de frugalidad es la revisión de la calidad de cada gasto: si cubre el fin para el que se previó.

El objetivo gubernamental es gastar mejor, siguiendo las recomendaciones de la Autoridad Fiscal (AIReF) en su revisión del gasto (spending review) ya realizada en 2018 (recetas extrahospitalarias, políticas activas de empleo, becas…) Por ejemplo, hay 800 millones de euros en subvenciones industriales que no arrojan evidencia de que redunden en aumentar la competitividad.

Y en 2019 se pondrá la lupa sobre los beneficios fiscales (IRPF y Sociedades; y exenciones y tipos reducidos en el IVA, hasta 41.650 millones), los estímulos a la contratación, y el gasto hospitalario.
Mayor ingreso: gracias al ciclo económico, que aún se estima positivo, con un alza del PIB en torno al 2% anual; y a las nuevas figuras impositivas. Y un gasto en porcentaje algo menor, pero sobre todo, mejor gasto. Estos son los pilares de la reducción del déficit, al 2%, el 1,1%, el 0,4% y finalmente, al equilibrio en 2022.

Con otros ingredientes (bajos tipos) la deuda (del 97,1% del PIB en 2018) bajará ocho puntos en cuatro años: al 88,7%. Estrenaremos un —todavía muy ligero— colchón para amortiguar futuras recesiones. Si todo eso se cumple.

Fuente: El País