La cadena española de supermercados Dia anunció este miércoles que prepara una ampliación de capital por 600 millones de euros, más del doble de su capitalización bursátil. A la vez renegocia una deuda que asciende a 1.442 millones de euros con varios bancos. La empresa busca fondos para afrontar la gran crisis financiera y de resultados que atraviesa. En lo que va de año ha perdido casi el 90% de su valor en la Bolsa, que este miércoles le dio una tregua porque al anuncio de la ampliación de capital le siguió un rebote del 11,88%.

La delicada situación de Dia se explica por una combinación de errores de gestión, una expansión desordenada y cierta mala suerte en algunos mercados. En 2016 las ventas alcanzaron un techo: 8.669 millones, pero la facturación por metro cuadrado, de unos 3.000 euros según cálculos del sector, anotaba una de los peores ratios de la gran distribución española. Sin embargo, el entonces consejero delegado, Ricardo Currás, presentaba triunfante las cifras y anunciaba nuevas aperturas, pese a que su beneficio se desplomaba un 41%, hasta los 174 millones.

¿Qué le pasa a Dia? Una cadena con pies de barro que solo quería crecer

Ese mismo año, los franquiciados denunciaban a la cadena por estafa, falsedad documental y hasta por acoso psicológico, pero el goteo de demandas tampoco forzó un cambio de rumbo en la gestión. Además, durante los últimos años, la cadena española más internacionalizada sumó fracasos en varios mercados exteriores. La expansión en China terminó con la venta a principios de 2018 de 378 supermercados y pérdidas multimillonarias. Mucho antes, en 2014, ya había tenido que retroceder en Francia desprendiéndose de 800 tiendas y también tuvo problemas en Brasil. Atrapada por la devaluación del peso, ahora una de sus pesadillas está en Argentina, donde tiene 902 establecimientos.

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En España y Portugal las cosas no le han ido mejor. Los analistas llevan años advirtiendo de la fragilidad de la compañía, destacando que su comportamiento en el mercado es peor que el de Mercadona, Carrefour, Lidl o la cadena portuguesa Pingo Doce. Acosada por las apuestas bajistas en Bolsa, la puntilla se la dio el pasado 15 de octubre JP Morgan, que en un informe recortaba las perspectivas de resultados para este año en un 38%. En ese momento —y sin apenas explicaciones— el grupo llegó a reconocer un “deterioro patrimonial” de 70 millones que le obligaría a reformular las cuentas.

Con una marca blanca poco competitiva frente a otras, como Hacendado o la de Lidl, los problemas se acumularon. “La empresa fue ordeñada, ha perdido competitividad, ha abusado de líneas de factoring [cobro inmediato de facturas a cambio de su traspaso a otra empresa] engordando la deuda sin que eso se vea reflejado en las cuentas, ha sido gestionada de manera cortoplacista”, reconocía hace algunas semanas un analista conocedor del sector.

Según Alimarket, Dia es el tercer operador de España con un 6% de cuota de mercado (Kantar Worldpanel le asigna incluso el 7,4%). Sus formatos comerciales, sin embargo, no son capaces de defender ese espacio, porque no se han adaptado a la velocidad necesaria. Y en un sector donde el tamaño es importante, decisiones como la de romper su acuerdo con Eroski para negociar conjuntamente con los proveedores ha dado la puntilla a un negocio que necesitará mucho oxígeno para volver a ser lo que fue.

El BCE, acreedor de la compañía

El Banco Central Europeo se halla entre los acreedores de Dia. Con la amenaza de deflación a las puertas, en 2016 extendió sus compras de deuda al sector privado y, junto al Banco de España, ha adquirido bonos de buena parte del Ibex. Aunque no cifra la cantidad, en los datos del Eurobanco figuran tres emisiones de Dia: una con vencimiento en 2023 y cupón del 0,875%; otra en 2021 al 1% y la última en 2019 al 1,5%.

Fuente: El País