“Me iba a retirar, pero el presidente Donald Trump me golpeó duro y he tenido que volver”. El fundador y consejero delegado Huawei, Ren Zhengfei, de 75 años, contemporiza sobre las acusaciones de Estados Unidos sobre las prácticas de su empresa y las reticencias de otros países a contar con el gigante tecnológico chino como socio en el desarrollo de sus redes 5G. Su empresa ha firmado 60 contratos con operadoras de todo el mundo para participar en esas redes nacionales, la mitad de ellas desde que Washington la incluyó en la lista negra que prohíbe a las firmas estadounidenses hacer negocios con la tecnológica. Una cifra de la que la firma alardea como prueba que las presiones de la Casa Blanca no le han perjudicado.

Uno de esos países es España, que tendrá, según Ren, «la mejor red 5G de Europa». Huawei forma parte del primer despliegue comercial de 5G de Vodafone, y es el único proveedor presente en los dos proyectos pilotos de esta tecnología que financia la agencia española Red.es. Telefónica acaba de confirmar que comprará a Huawei parte del equipamiento del núcleo central para su red de 5G y su filial alemana, Telefonica Deutschland, también utilizará equipos de Huawei y Nokia para su red 5G. «España ha comprado mucho a Huawei de sus equipos 5G», ha recordado Ren y «tendrá nuestro total respaldo para el despliegue del 5G» en los países donde opera el grupo español. En un símil entre los barcos del imperio español que exploraron el mundo, consideró que esos equipos son «la mejor embarcación para conectarnos. Y no se hunde. Con la base de nuestra tecnología, la cultura española podrá llegar a todo el mundo» como lo hizo en su día.

España ha comprado mucho a Huawei de sus equipos 5G

Ren ha comparecido sonriente ante un reducido grupo de periodistas de España y América Latina, los primeros de habla hispana a los que concede una entrevista. Ha pasado un año desde que su hija, Meng Wanzhou, quedara detenida en Canadá a petición de Estados Unidos, que la considera sospechosa de fraude para violar las sanciones de ese país a Irán. Y siete meses desde la inclusión de Huawei en la “entity list” estadounidense, que precipitó la decisión de Google —propietario del sistema operativo Android— y otras tecnológicas de anunciar que dejarían de colaborar con la compañía china. Desde entonces, Washington ha emitido tres moratorias a su decisión, para no perjudicar a las compañías estadounidenses. Y Huawei ha puesto en marcha su “plan B”: producir sus propios componentes, incluidos chips y procesadores. En agosto presentaba su propio sistema operativo, conocido como Hong Meng en China y Harmony en el exterior, en su marcha hacia la independencia de la tecnología estadounidense.

Es un camino que parece haber emprendido la propia China, convencida de que la guerra comercial, los vetos tecnológicos e incluso el proyecto de ley que maneja el Congreso de EE UU para imponer sanciones por la represión contra la minoría uighur en la provincia de Xinjiang, en el noroeste de China, forman parte de una misma estrategia de Washington para contener a un rival que cada vez le preocupa más. Pekín, según ha publicado el periódico Financial Times, comenzará a retirar de sus instituciones públicas el software y los equipos informáticos extranjeros a partir del año próximo.

España sufre un déficit comercial con China, pero con cooperación en áreas como la educación y otros asuntos se puede revertir

Aunque Ren no considera que esta carrera tecnológica vaya a conducir a la creación de dos bloques digitales en el mundo, uno liderado por Estados Unidos y otro por su país. “En un mundo digital, no hay muros que puedan separar de verdad a dos regiones. Si esto llegara a ocurrir, además, perjudicaría especialmente a Estados Unidos, porque sus empresas del sector son líderes mundiales. Si no pudieran comercializar sus productos en el otro bloque, para ellos supondría la pérdida de mercados y unos resultados financieros peores. En el otro bloque, otras empresas los sustituirían”.

Además, puntualiza que “compartimos la misma base de ciencia y tecnología para el futuro” y pone como ejemplo los artículos científicos estadounidenses, a los que se puede acceder sin problemas. “No es posible dividir la ciencia. Pero si se crean nuevos rivales para las empresas estadounidenses, la competencia será más férrea, los precios bajarán y la calidad mejorará”. En el caso de su empresa, sostiene, el desarrollo propio de componentes “no es una estrategia a largo plazo”, sino una solución temporal. “Estamos muy comprometidos con la globalización”, ha insistido.

En un mundo digital, no hay muros que puedan separar de verdad a dos regiones

Guerra comercial y tecnológica

Sobre el enfrentamiento comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China, Ren aseguró que no entiende por qué el presidente estadounidense quiso desatar esa guerra. “No sé si el que la ha abierto está un poco arrepentido. Tampoco sé si él mismo tiene confianza en que esta guerra la vaya a ganar”.

Con un discurso rayano en lo filosófico a veces, en el que ha incidido una y otra vez en la importancia de la educación —“los ciudadanos tienen que estar a altura de esas nuevas tecnologías, los países que no las desarrollan, particularmente, deben construir más escuelas para no quedarse atrás”— y ha multiplicado las referencias a los orígenes agrarios de China, el presidente de Huawei ha insistido en las bondades de la inteligencia artificial: “creo que, en el futuro, la tecnología más importante va a ser la inteligencia artificial. Muchas (empresas que inviertan en ello) van a ser muy rentables, incluida Huawei”. Y agrega: “las nuevas tecnologías van a desarrollar un plan muy relevante para la sociedad. Liberarán a la gente de la pobreza”, asegura. También “se va a mejorar en gran medida la productividad industrial, y las plantas necesitarán de menos trabajadores… No vamos a tener tantas disputas sindicales, se va a serenar el desarrollo de la industria”.

Las nuevas tecnologías, cree, pueden ser también una excelente herramienta para ayudar a regiones como América Latina a salir de “la trampa de los ingresos medios” que afecta a los países en desarrollo; su economía no está tan avanzada como para llegar al nivel de los países más desarrollados ni es tan precaria que les permita competir con ventaja en la exportación de productos manufacturados de escaso valor añadido.

Preguntado sobre las presiones de EE UU a otros países, el fundador de Huawei mantiene su sonrisa de póker. Bruselas ha advertido de la posibilidad de que “proveedores de países externos” puedan comprometer la seguridad europea y algunas naciones del continente han expresado sus reticencias. De un modo más amplio, la OTAN empieza a mostrar reticencias hacia China, y sus miembros deben decidir si consideran a ese país como un rival o un socio, especialmente en el ámbito tecnológico. Ren resta importancia a estas consideraciones. “El 5G es una aportación de desarrollo. Creo que estas opiniones no van a afectar a nuestras opciones de desarrollo en Europa”.

Acerca del papel de Huawei en Xinjiang, donde China lleva a cabo una política de represión contra la minoría uigur que ha incluido el encierro en campos de reeducación al menos a un millón de personas, según los cálculos de expertos y ONG, Ren se muestra reticente. Un informe del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI) “lleva a cabo un amplio trabajo que incluye una colaboración directa con los departamentos de seguridad pública del Gobierno chino en la región”. El fundador de Huawei replica que “es como vender automóviles. No es culpa nuestra si el conductor estrella el vehículo”. Y sobre las críticas en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos, Ren recuerda que Washington vende armas a Oriente Medio. “Estados Unidos no está en posición de criticar a los demás”, subraya.

Sobre la censura en China, que impide que estén accesibles los productos de otras empresas tecnológicas extranjeras en suelo chino —Facebook y Google están bloqueados—, Ren manifiesta que “no tengo opinión porque no me dedico a internet”. Por contra, sostiene, “Huawei en ninguna manera va a interferir en los asuntos internos de otros países. Solo somos una empresa que quiere ofrecer los mejores productos, y que queremos ofrecer a las empresas plataformas y soluciones para que puedan tener un mejor desarrollo”.

Cooperación España-China

«España sufre un déficit comercial con China, pero con cooperación en áreas como la educación y otros asuntos se puede revertir», asegura Ren, que en la conversación con los periodistas hispanohablantes alabó la «excelente calidad» de la carne de cerdo, en una aparente alusión al jamón, que desde finales de octubre puede exportarse con hueso a la segunda potencia económica. «Con la mirada puesta en el futuro, España y China tenemos que poner en marcha nuestras respectivas fortalezas para una mayor cooperación».

Fuente: El País