Donald Trump está a punto de derruir la OMC. Con ello, quizá no dispara contra sus zapatones. Pero sí, desde luego, contra los intereses de Estados Unidos de América.

Por una razón muy simple: el Comité de Apelaciones —o tribunal de arbitraje, el organismo de resolución de conflictos— de la organización falla casi siempre en favor de las empresas estadounidenses: hasta en un 86% de todos los pleitos en las que estas se ven involucradas.

MÁS INFORMACIÓN

Socavar un tribunal que suele darte la razón es de frenopático. Solo se explica en quien ambiciona arrasar en el 100% de los casos. Y le humilla que unos jueces internacionales le deparen un 14% de derrotas, pues «las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar» como dijo Trump en marzo de 2018, contra todas las evidencias de la historia.

Y hoy, ya contra los propios datos de su empecinada batalla contra China y medio mundo. Es cierto que los chinos están saliendo perjudicados de este litigio. Sus ventas a EE UU han caído un 25% en el primer semestre de este año a causa del alza de aranceles de Washington, unas pérdidas de 31.000 millones de dólares, calcula la UNCTAD.

Pero eso no favorece a EE UU, todo lo contrario. Su crónico déficit comercial con el imperio asiático aumentó el primer año del enfrentamiento, 2018: 91.000 millones el primer trimestre, 95.000, 116.000 y 118.000, los siguientes. Bajó a 80.000 en el primer cuarto de 2019, pero volvió a las andadas en el segundo, 87.000 (US Census Bureau).

Y lo que es más rotundo, la desviación de comercio que operó le salió como un tiro por la culata: como debió comprar a otros países lo que dejó de adquirir en China, su déficit comercial global ascendió en la primera parte del año un 5,4% sobre el peor ejercicio de su historia, 2018.

Seguramente porque las empresas debieron improvisar y negociaron con los proveedores de Taiwan, México o Vietnam peores precios. Además, sus agricultores (soja) deben ser sobresubvencionados, al sufrir sus ventas en el mercado chino. Y las industrias de alta tecnología pierden suministros de componentes baratos.

O sea, el negocio de las cabras, ya saben, el cuento de aquél que pretendía enriquecerse cambiando dos cabras blancas por una negra: ignoraba que el valor del animal no depende de su color.

El error de Trump se duplica al creerse que es el único actor relevante en la arena. El desahucio del organismo multilateral será fatal para todos, porque multiplicará la inseguridad jurídica para las empresas de todo color.

Pero mientras, otros buscan paliativos. En el último quinquenio, la Unión Europea ha cerrado 16 Tratados comerciales bilaterales. «Todo el mundo hace cola para firmar con nosotros», dice sin pavoneo la ex comisaria europea de Comercio, Cecilia Malsmtröm.

Ahora mismo, la UE negocia con Chile, Nueva Zelanda, Indonesia, Australia y Túnez. Eso significa en muchos casos que las compañías norteamericanas no tienen igual acceso que las europeas a otros mercados: por eso ya Washinghton se apresuró a firmar un Nafta-2, o minitratados con Japón o Corea del Sur. Será que las guerras no son tan buenas.

Fuente: El País