Uber llega a Wall Street y se estrena con bajadas. Al menos, en sus primeras horas como empresa cotizada. La compañía de movilidad competidora de los taxis llegaba al parqué de Nueva York con una valoración inicial de 82.400 millones de dólares (73.388 millones de euros al cambio actual). El precio de la oferta lo fijó en 45 dólares por acción (40 euros), con lo que ha racaudado 8.100 millones (7.214 millones de euros). Sin embargo, el primer cambio de acciones en el mercado público se hizo tres dólares por debajo, lo que provocó una caída de un 6,6% en los primeros compases.

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Los títulos no han logrado un estreno brillante, y eso que la valoración inicial de 45 dólares ya era bastante prudente, en la parte baja de la horquilla con la que se esperaba que iniciara su andadura en Bolsa. Pese a este primer traspié, la de Uber es la mayor colocación en Bolsa desde el estreno del portal de comercio electrónico chino Alibaba en 2014 y la salida más potente para una tecnológica estadounidense desde la puesta de largo de Facebook en 2012.

Uber llega al parqué en un momento diferente al que vivían otros gigantes tecnológicos en sus estrenos: tiene un modelo de negocio cada vez más caro y un crecimiento que se desacelera. Todavía mantiene pulsos regulatorios en muchos países y conflictos por su modelo laboral. Ganar dinero será su principal reto.

Garrett Camp y Travis Kalanick son los padres de Uber. Fundaron la plataforma de reserva de coches organizados con una aplicación móvil dos años después de la introducción del iPhone. El servicio se llamaba inicialmente UberCab y se dirigía a clientes con alto poder adquisitivo. La expansión fue muy rápida. En la actualidad Uber opera en 700 ciudades, en 63 países. Intermedia en 15 millones de viajes diarios. Pero su irrupción ha creado tensión con las compañías tradicionales de taxi (que tienen que compartir el negocio de los transportes urbanos) y las autoridades locales, y ha generado en algunos países protestas por las condiciones de trabajo en las que operan los conductores.

La compañía también fue objeto de una serie de escándalos éticos (en especial, por el trato a su plantilla y las acusaciones de sexismo) que obligaron a Kalanick a dimitir como consejero delegado hace dos años y le forzó a introducir importantes cambios internos. El gestor del New York Stock Exchange no permitió que el fundador participara en la ceremonia de toque de campana que marca el inicio de la sesión bursátil, pero finalmente acudió a la sede del parqué acompañado por su padre. Las prácticas de negocios siguen siendo investigadas por el Departamento de Justicia y otros reguladores.

Intento de cambio de imagen

Uber está dirigida por Dara Khosrowshahi. La prioridad inmediata del ejecutivo fue mejorar la imagen de la compañía. Al mismo tiempo se desprendió de las partes del negocio que eran menos rentables y salió de los mercados donde no podía competir con los actores locales. En paralelo, en esa carrera por lograr los beneficios, expandió la plataforma a otros servicios de movilidad, como los patinetes eléctricos compartidos, la entrega de comida a domicilio y el coche autónomo.

Pese a estas iniciativas, Uber se desacelera por la presión competitiva dentro y fuera de EE UU. En el primer trimestre elevó un 20% en los ingresos, frente a un 70% hace un año. Lo hicieron un 42% en 2018 tras más que duplicarlos en el ejercicio precedente. Los consumidores que lo usan de manera activa subieron un 33% en el año, a 93 millones a final del trimestre. Hace un año lo hacía más de un 50%.

La oferta para el estreno en Bolsa de Uber llega seis semanas después a la de Lyft, su rival más directo, sobre todo en Estados Unidos (ofrecen el mismo servicio), y que se deja ya un 25% de su valor con respecto al precio al que debutó en Wall Street. Los inversores tratan de entender si las dos compañías de movilidad serán capaces de sacar sus cuentas del rojo. En el caso de su rival, tuvo unas pérdidas de cerca de mil millones en 2018 y en el primer trimestre las multiplicó por cinco respecto a hace un año, a 1.140 millones. El negativo es casi el doble de lo que facturó en ese periodo, que duplicó en el año.

Hay, sin embargo, ejemplos de que los estrenos bursátiles van bien. Es el caso del servicio de teleconferencia Zoom Video, que se duplicó desde la oferta. Los mismo pasó con PagerDuty mientras que la plataforma social Pinterest se apreció un 60%. Otro de los unicornios que acaba de debutar es Beyond Meat, que triplicó el valor en la primera jornada. Pero Uber y Lyft pierden de lejos más dinero que cualquier compañía que llegó antes a Wall Street.

El complicado precedente de Lyft

Hace unos meses, Uber se valoraba en 120.000 millones. Pero el comportamiento de Lyft obligó a los bancos que lideran la colocación a ser conservadores. La demanda superaba solo cinco veces la oferta. La primera horquilla de referencia, de 44 a 50 dólares, le daba un valor máximo de 91.500 millones. Incluso en la parte baja del rango, es el tercer mayor estreno en Wall Street, por detrás de los 167.000 millones de dólares de Alibaba y los 104.000 millones de Facebook.

En cuanto a recaudación, Alibaba vendió 25.000 millones en acciones mientras que Facebook se embolsó 16.000 millones. Está también lejos de los casi 20.000 millones de Visa y los 18.000 millones de General Motors. Uber puso a parte un 3% de los títulos para que los puedan comprar los conductores que participan en el servicio al precio de la oferta. También reserva 500 millones de dólares en acciones para PayPal, por un valor equivalente al de la oferta.

Riesgos y condiciones laborales

La información entregada al regulador bursátil para preparar la oferta indicaba que Uber está invirtiendo fuerte para mantener su dominio. Gastó 14.300 millones de dólares en 2018, principalmente en subsidios para atraer a conductores y usuarios. Es casi un 20% que en el ejercicio precedente. Eso le generó pérdidas de 1.800 millones, la mitad que en 2017. En el primer trimestre iban por 1.100 millones.

La parte del folleto con la oferta dedicada a los riesgos contiene 35.000 palabras. Empezando por los conductores, los identifica como contratistas (autónomos) no como empleados. Eso le exime de pagarles un sueldo mínimo y cobertura sanitaria. Si eso cambia por una decisión judicial o impuesta por las autoridades locales, el coste será alto. La regulación del servicio también puede mermar su capacidad para innovar.

La capacidad que tuvo para evitar la regulación fue clave para su expansión. Pero eso le creó un problema de relaciones públicas que sigue arrastrando. En cuanto a los proyectos en marcha para expandirse y diversificarse, el despliegue de los robo-taxi serán claves para su rentabilidad futura. Pero la competencia crece con Waymo de Google y Tesla. También en las entregas a domicilio.

Fuente: El País